LOBO de CRIN o BOROCHI (Chrysocyon brachyurus)

Cánido de las pampas. Los guaraníes lo llaman aguará guasú ("zorro grande")
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A MIS LECTORAS... y al resto

“Amigos lectores que leerán este libro blog, | despójense de toda pasión | y no se escandalicen al leerlo |
no contiene mal ni corrupción; | es verdad que no encontrarán nada de perfección |
salvo en materia de reír; |
mi corazón no puede elegir otro sujeto | a la vista de la pena que los mina y los consume. |
Vale mejor tratar de reír que derramar lágrimas, | porque la risa es lo propio y noble del alma. Sean felices!
--François Rabelais (circa 1534) [english]
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martes, 29 de noviembre de 2011

TODO ESO QUE YA NO PUEDE SER

Fuente
TOT AÇÒ QUE JA NO POT SER
Et besaria lentament,
et soltaria els cabells,
t'acariciaria els muscles,
t'agafaria el cap
per a besar-te dolçament,
estimada meua, dolça meua,
i sentir-te, encara més nina,
més nina encara sota les mans,
dessota els pèls del meu pit
i sota els pèls de l'engonal,
i sentir-te sota el meu cos,
amb els grans ulls oberts,
més que entregada confiada,
feliç dins els meus abraços.
Et veuria anar, tota nua,
anant i tornant per la casa,
tot açò que ja no pot ser.
Sóc a punt de dir el teu nom,
sóc a punt de plorar-lo
i d'escriure'l per les parets,
adorada meua, petita.
Si em desperte, a les nits,
em desperte pensant en tu,
en el teu daurat i petit cos.
T'estimaria, t'adoraria
fins a emplenar la teua pell,
fins a emplenar tot el teu cos
de petites besades cremants.
És un amor total i trist
el que sent per tu, criatura,
un amor que m'emplena les hores
totalement amb el record
de la teua figura alegre i àgil.
No deixe de pensar en tu,
em pregunte on estaràs,
voldria saber què fas,
i arribe a la desesperació.
Com t'estime! Em destrosses,
t'acariciaria lentament,
amb una infinita tendresa,
i no deixaria al teu cos
cap lloc sense la meua carícia,
petita meua, dolça meua,
aliena probablement
a l'amor que jo sent per tu,
tan adorable! T'imagine
tèbia i nua, encara innocent,
vacil.lant, i ja decidida,
amb les meues mans als teus muscles,
revoltant-te els cabells,
agafant-te per la cintura
o obrint-te les cames,
fins a fer-te arribar, alhora,
amb gemecs i retrocessos,
a l'espasme lent del vici;
fins a sentir-te enfollir,
una instantània follia:
tot açò que ja no pot ser,
petita meua, dolça meua.
Et recorde i estic plorant
i sent una tristesa enorme,
voldria ésser ara al llit,
sentir el teu cos prop del meu,
el cos teu, dolç i fredolic,
amb un fred de col.legiala,
encollida, espantada; vull
estar amb tu mentre dorms,
el teu cul graciós i dur,
la teua adorable proximitat,
fregar-te a penes, despertar-te,
despertar-me damunt el teu cos,
tot açò que ja no pot ser.
Et mire, i sense que tu ho sàpies,
mentre et tinc al meu davant
i t'estrenyc, potser, la mà,
t'evoque en altres territoris
on mai havem estat;
contestant les teues paraules,
visc una ègloga dolcíssima,
amb el teu cos damunt una catifa,
damunt els taulells del pis,
a la butaca d'un saló
de reestrena, amb la teua mà
petita dintre la meua,
infinitament feliç,
contemplant-te en l'obscuritat,
dos punts de llum als teus ulls,
fins que al final em sorprens
i sens dubte em ruboritzes,
i ja no mires la pantalla,
abaixes llargament els ulls.
No és possible seguir així,
jo bé ho comprenc, però ocorre,
tot açò que ja no pot ser.
Revisc els dolços instants
de la meua vida, però amb tu.
És una flama, és una mort,
una llarga mort, aquesta vida,
no sé per què t'he conegut,
jo no volia conèixer-te...
A qualsevol part de la terra,
a qualsevol part de la nit,
mor un home d'amor per tu
mentre cuses, mentre contemples
un serial de televisió,
mentre parles amb una amiga,
per telèfon, d'algun amic;
mentre que et fiques al llit,
mentre compres en el mercat,
mentre veus, al teu mirall,
el desenvolupament dels teus pits,
mentre vas en motocicleta,
mentre l'aire et despentina,
mentre dorms, mentre orines,
mentre mires la primavera,
mentre espoles les estovalles,
mor un home d'amor per tu,
tot açò que ja no pot ser.
Que jo me muir d'amor per tu.



VICENT ANDRÉS ESTELLÉS
TODO ESO QUE YA NO PUEDE SER
Te besaría lentamente,
te soltaría los cabellos,
te acariciaría los hombros,
te cogería la cabeza
para besarte dulcemente,
querida mía, dulce mía,
y sentirte, aún, más niña,
más muñeca aún bajo las manos,
debajo los pelos de mi pecho
y bajo los pelos de la ingle,
y sentirte bajo mi cuerpo,
con los grandes ojos abiertos,
más que entregada confíada,
feliz entre mis abrazos.
Te vería ir, toda desnuda,
Yendo y viniendo por la casa,
todo eso que ya no puede ser.
Estoy a punto de decir tu nombre,
Estoy a punto de llorarlo
y de escribirlo por las paredes,
adorada mía, pequeña.
Si me despierto, por las noches,
me despierto pensando en ti,
en tu dorado y pequeño cuerpo.
Te amaría, te adoraría
Hasta llenar tu piel,
Hasta llenar todo tu cuerpo
de pequeños besos ardientes.
Es un amor total y triste
el que siento por ti, criatura,
un amor que me llena las horas
totalmente con el recuerdo
de tu figura alegre y ágil.
No dejo de pensar en ti,
me pregunto donde estarás,
querría saber qué haces,
y llego a la desesperación.
Como te quiero! Me destrozas,
Te acariciaría lentamente,
Con una infinita ternura,
y no dejaría en tu cuerpo
ningún lugar sin mi caricia,
pequeña mía, dulce mía,
aliena probablemente
al amor que yo siento por ti,
tan adorable! Te imagino
tibia y desnuda, aún inocente,
vacilante, y ya decidida,
con mis manos en tus hombros,
revolviéndote los cabellos,
cogiéndote por la cintura
o abriéndote las piernas,
hasta hacerte llegar, al mismo tiempo,
con gemidos y retrocesos,
al espasmo lento del vicio;
hasta sentirte enloquecer,
una instantánea locura:
todo eso que ya no puede ser,
pequeña mía, dulce mía.
Te recuerdo y estoy llorando
y siento una tristeza enorme,
querría estar ahora en la cama,
sentir tu cuerpo cerca del mío,
tu cuerpo, dulce y friolero,
con un frío de colegiala,
encogida, asustada; quiero
estar contigo mientras duermes,
tu culito gracioso y duro,
tu adorable proximidad,
fregarte a penas, despertarte,
despertarme encima de tu cuerpo,
todo eso que ya no puede ser.
Te miro, y sin que tu lo sepas,
mientras te tengo delante
y te aprieto, quizá, la mano,
te evoco en otros territorios
donde nunca hemos estado;
contestando tus palabras,
vivo una égloga dulcísima,
con tu cuerpo encima de una alfombra,
encima de los tableros del piso,
en la butaca de un salón
de reestreno, con tu mano
pequeña dentro de la mía,
infinitamente feliz,
contemplándote en la oscuridad,
dos puntos de luz en tus ojos,
hasta que al final me sorprendes
y sin duda me ruborizas,
y ya no miras la pantalla,
bajas largamente los ojos.
No es posible seguir así,
yo bién lo comprendo, pero ocurre,
todo eso que ya no puede ser.
Revivo los dulces instantes
de mi vida, pero contigo.
Es una llama, es una muerte,
una larga muerte, esta vida,
no sé por qué te he conocido,
yo no quería conocerte...
En cualquier lugar de la tierra,
En cualquier parte de la noche,
muere un hombre de amor por ti
mientras coses, mientras contemplas
una serie de televisión,
mientras hablas con una amiga,
por teléfono, de algun amigo;
mientras te metes en la cama,
mientras compras en el mercado,
mientras ves, en tu espejo,
el desarrollo de tus pechos,
mientras vas en motocicleta,
mientras el aire te despeina,
mientras duermes, mientras orinas,
mientras miras la primavera,
mientras sacudes el mantel,
muere un hombre de amor por ti,
todo eso que ya no puede ser.
Que yo me muero de amor por ti.

Una història d'amor en la postguerra espanyola

Vicent Andrés Estellés. Libre de Meravelles
Leer
Uno de sus libros más destacados, ‘Libro de maravillas’, se convirtió en el gran poema de la posguerra. Estellés lo escribió entre los años 1956 y 1958 y a través de sus versos recrea los primeros años de la dictadura. Es un gran canto a Valencia y los pueblos de la Huerta en un contexto extremadamente difícil. Para hacerlo, tomó objetos, personajes y rincones de la realidad tangible para convertirlos en un artefacto poético poderoso y efectivo. El poeta utilizaría este método a lo largo de su obra: recreaba su mundo más cotidiano, sin renunciar a los aspectos más vulgares, hacía una crónica social e inventariaba los personajes y acontecimientos, que iban siempre de la mano de sus autores predilectos.
UN AMOR, UNAS CALLES (poema)
“Todo retorna, agrupándose, y es una sola historia, un amor, un destino: perdura sin nombres, solo los nombres de unas calles, el amor, el único amor. Unas amadas calles, allá por Quart de fora, las barandillas del río, los bancos de la Alameda, aquellos besos frenéticos a la puerta de casa, una lenta tristeza que te recorría el cuerpo, o una alegría invicta, una delicia efímera que ahora regresa intacta... Todo retorna, agrupándose; es ya una sola historia, un amor, un destino. Calles de Sant Vicent, de la Mar, de la Pau, aquellas noches de invierno, aquellas noches de verano. Los amores hacen el amor, las historias la historia. He aquí una vida. Las palabras terribles, las palabras amables que ya no dice nadie, que no sé quien dijo, que regresan anónimas, y me ofrecen un sentido. Todo lo recuerdo, lo evoco. Aquellas manos encendidas, a veces crueles, otras veces tiernas; los momentos de estupor, o aquellos momentos con el fulgor de los homicidios, y una sangre inocente entre unos muslos largos... Todos los amores, el amor; el amor, toda la vida. Yo no sé si está claro; para mí sí lo está. Miro, desde el balcón, la calle solitaria. Luego acudirán las parejas, en cuanto caiga el día. Caminaran lentamente, diciéndose cosas temblorosas. Siempre vuelve la vida, si alguna vez se ha ido. No estoy muy seguro; yo creo que no se va. O creo que siempre regresa. Me gusta, desde casa, tras los cristales, contemplar la calle”. La pobreza subía lentamente por la escalera. Oscuramente jadeaba en todos los descansillos. Evocaba otros días; vagamente evocaba unos días dónde todavía existía la esperanza y la conformidad y el único deseo de vivir. Tocaba las paredes, las palpaba con tristeza, una larga tristeza, larga como la noche, y seguía subiendo la miserable escalera. Un día llegaría, quizás, a la terraza: si Dios quiere, aquel día será un día feliz. “Tal como regresan los amores, y son el amor, y hacen único el amor, la vida, se marchan nuevamente, se nos van de las manos y vaciamente nos dejan con las manos abiertas sobre el delantal, ahora que ya tenías sobre la mesa el vaso de agua clara en el plato a flores, ahora que no querías ni hablar ni evocar: contemplar solamente la vieja y alta imagen en un silencio denso y poblado de recuerdos. Aquello que un día fue retorna, inesperado, llenándote el corazón de alegría, llenándote el corazón de prisas, llenándote la escalera otra vez de risas, subiendo los escalones, tan vivo, de dos en dos. Se vuelve a marchar después, cuando ya no lo esperabas, cuando tú, en la pobre cocina, preparas unas cosas para hacer la estancia amable: unos dulces, el agua clara... Se te llena el comedor nuevamente de penumbras. Miras por la ventana. Ves las lentas parejas. Aquella noche no cenas y lloras en la cama, no puedes cerrar los ojos, miras en la oscuridad. Ves el espejo del armario, tan largo como un ataúd. Estás al pie de tu cama, de pie, grave o solemne. ¡Y serías tan feliz, tan feliz, aquel día, con tu mano dentro de una mano, paseando! No vuelven los recuerdos de los frenéticos momentos que te dejaban la ropa o las piernas tan sucias. Sólo evocas esto: una mano en una mano, una palabra amable, no gentil, sólo amable, un lento deambular por unas calles desconocidas que por su nombre evocas, por todos sus balcones.”  
LA ESTAMPITA (poema)
Te casaste de luto, tal como de luto recibiste, en el pueblo, la primera Comunión. De luto siempre, el luto sobre tu cuerpo en los días solemnes. Siempre de luto, las piernas largas de adolescente que crecía deprisa y sin vitaminas, aquellas piernas largas y casi sin gracia, aquellas piernas tristes, el estirón de la guerra que te hizo mujer antes de la primera sangre. Aquellas piernas que tú no sabías como colocar, que sin tí parecía que crecían. ¡Triste, triste Valencia, y qué amarga posguerra! Nos llenaron d’espadas la sintaxis, de arcángeles duramente inmutables a la puerta de los cines, mientras reivindicaban praderas de Garcilaso, mármoles asexuados, velando siempre, velando, velando siempre las armas y velando la retórica, cargamentos de azúcar que desaparecían de la noche de la mañana, si te vi no me acuerdo, los camiones siniestros que transportaban estraperlo. El hombre palpaba un cuerpo adolescente, mientras ella se zampaba un pastel sin participar en aquello que le sucedía ferozmente a su cuerpo. También, ver películas, o mejor soñar: El Coliseo, el Metropol, el Tyris... “echan dos”. El Goya... ¡Qué ansia de ver películas! seguían la historia con toda atención mientras las manos iban palpando los lugares secretos. ¡Oh Súnion! La pantalla ofrecía una Súnion de una sal exaltada, de vida y libertad, de posibilidades luminosas de vivir. “No se había apuntado nunca a ningun partido. Él, de casa al trabajo, y de el trabajo a casa. Una noche, en la guerra, lo sacaron de casa y lo mataron en Bétera, cerca de los hornos de la cal. Los muertos todos llenos de moscas a orilla de las carreteras...” “No hizo nada, no hizo nada, y él salvó a muchos”. De luto siempre, de luto de por vida.
NO ESCRIBO ÉGLOGAS (poema original)
No había en València dos piernas como las tuyas. Dulcemente las recuerdo, con los ojos llenos de lágrimas, con una telaraña de lágrimas en los ojos. ¿Dónde estás? ¿Dónde están tus piernas tan adorables? Recorro la Alameda, aquellos lugares familiares. Cruzo las noches. Evoco las barandillas del río. Un cadáver verdoso. Un cadáver fosfórico. El espectro de Francisco de la Torre, quizás. No había en València dos piernas como las tuyas. Largamente escribiría sobre tus piernas. Como si anduvieses por el agua, entre una agua invisible, entre una agua clarísima, venías por la calle. La carne graciosa y fresca como un cántaro de Serra. Y yo te evoco erguida sobre tus piernas. Cargaban los hombres los ventrudos camiones. Venían autobuses de Gandia y Paterna. Salían voces del bares, el olor de aceite frito. Tú venías solemne sobre tus piernas. ¡Oh la solemnidad de tu carne tierna, de tu cuerpo adorable sobre las largas piernas! Calle abajo, venías entre los solares, los gritos, los niños que jugaban al salir de la escuela, la mujer recogía la ropa en la azotea, el hombre recomponía lentamente un reloj mientras un amigo hablaba de sus años de prisión por cosas de la guerra, tú venías solemne, con más solemnidad que el crepúsculo, o con una dignidad que el crepúsculo recibía solamente de tí. Toda la majestad amada del crepúsculo. No había en València dos piernas como las tuyas, con la viva alegría de la virginidad. Siempre venías, nunca llegabas del todo, y yo te quería así, y yo lo quería así: Nací para esperarte, para ver cómo venías. Inútilmente recorro los crepúsculos, las noches. Veo los hombres que cargan lentamente camiones. Veo los bares, el aceite frito, las parejas de amantes. Yo recuerdo unas piernas, tus piernas desnudas, tus largas piernas llenas de dignidad. No había en València dos piernas como las tuyas. Un cadáver verdoso, un cadáver fosfórico va tocando las aldabas, va preguntando por tí. Se despierta Ausiàs March en el vaso del carnero. No sé nada de tí. Han pasado siglos, días. Inútilmente recorro València. No escribo Églogas. 

La Vida i la Mort


Source
La Mort, Contada a un Nen del Veïnat

La Mort venia de vegades,
però mai no se'n volia anar,
car es trobava bé,
allò que es diu ben bé,
ja saps,
com tu quan surts al corral i jugues
amb els pollets i amb els conills
i agafes una pedra verda

i la trenques amb una pedra blanca
i et poses a plorar de sobte
perquè sí, sense cap moriu,
i com ningú no et fa cas
calles,
i després tornes a jugar
amb açò o amb allò...
Mai no se'n va anar, la Mort,
i es va quedar per a sempre amb nosaltres,
la Mort, ja sap

La Vida Contada a un Nen del Veïnat
I llavors, Déu li va donar
la Vida a l'home,
i era tan bella i delicada
que l'home no sabia
què fer amb ella
i sols era feliç dormint.
Al dematí, però,

tornava la congoixa
i li venia aquell
desig enorme de plorar,
i duia als seus braços la Vida
com qui duu un nen de bolquers,
com qui duu un setrill de nitroglicerina...
De vegades la duia com si fos un regal
i volia amostrar
-la, però tots en tenien i no li feien cas,
i callava, tristíssim...
¿Ja t'has menjat el berenar?


Leer

Vicent Andrés Estellés (Burjassot, 1924 - Valencia, 1993) es considerado el mayor poeta que ha dado el País Valencià [País Valenciano] desde el siglo XV. Estellés aportó a la poesía un lenguaje directo, sencillo y épico. La muerte y, como contraposición, el amor en todas sus manifestaciones, como la sexualidad, son temas recurrentes en su obra.
Vicent Andrés Estellés fue el gran renovador de la poesía valenciana del siglo XX. Poeta infatigable, escribió una vastísima obra de más de 50 títulos y recorrió los grandes temas de la literatura, desde la muerte hasta el amor, pasando por el hambre, el sexo y la guerra. A la lírica de la década de los años 50, aportó una propuesta poética original. Su lenguaje era directo y sencillo, narrativo y épico. Además, incorporó, de manera testimonial pero también crítica, la realidad personal y colectiva de posguerra.
Este poeta valenciano empezó escribiendo teatro, como ‘Oratori del nostre temps’ [Oratorio de nuestro tiempo], pero la mayoría de su obra se acabaría centrando en la poesía. No obstante, publicar en catalán en plena posguerra no era nada fácil. De hecho, su primer libro de poemas, ‘Ciutat a cau d’orella’ [Ciudad al oído], no apareció hasta 1953. Tres años después publicó el que se convertiría en uno de sus primeros éxitos, ‘La nit’ [La noche], donde la idea de la muerte ya estaba muy presente. Aquel mismo año había muerto su hija de pocos meses. El poeta no disminuyó su ritmo creativo, pero publicar era, en aquel momento, muy complicado y, en los 14 años siguientes, sólo sacó dos libros: ‘Donzell amarg’ [Doncel amargo] (1958) y ‘L’amant de tota la vida’ [El amante de toda la vida] (1965).
En los años 70 llegó su eclosión, gracias a la mano hábil del escritor Joan Fuster, buen amigo suyo, y el ingenio del editor Eliseu Climent. Aparecieron ‘Lletres de canvi’ [Letras de cambio] (1970), ‘Primera audició’ [Primera audición], ‘La clau que obri tots els panys’ [La llave que abra todas las cerraduras] y ‘Llibre de meravelles’ [Libro de maravillas] (1971) –este último, un ‘best-seller’ poético–, y los siguieron ‘L’ofici de demà’ [El oficio de mañana] (1971), ‘L’Hotel París’ [El Hotel París] (1973) y ‘El gran foc dels garbons’ [El gran fuego de las garbas] (1975), por citar sólo algunos. Gran parte de estos volúmenes habían sido escritos en los años 50 y 60. Después vendría el inicio de la edición de las obras completas, que culminaría en 1990, con la edición del décimo volumen, ‘Sonata d’Isabel’ [Sonata de Isabel], en homenaje a su mujer. Paralelamente, le empezaron a llover los reconocimientos, como el premio ‘Lletra d’Or’ de la literatura catalana y el ‘Premi d’Honor de les Lletres Catalanes’. En 1979 recibió el homenaje de su pueblo natal con la colocación de un busto que sería atacado por radicales fascistas y antivalencianos. Desde 1973, la ‘Nit dels Premis Octubre’ convoca un premio de poesía que lleva su nombre.
Estellés estaba muy vinculado a la ‘Nova Cançó’ y este hecho ayudó a popularizar su obra. Participó en numerosos recitales por todo el territorio catalán y su poesía fue adaptada por cantantes como Ovidi Montllor, Maria del Mar Bonet, Raimon, Lluís Llach, Pi de la Serra y Al Tall, entre otros.
El poeta era hijo de una familia humilde y en muchos de sus versos recuerda de manera amable y respetuosa a sus padres y su hermana, Carme. Su familia, de hecho, queda reflejada en ‘Horacianes’ [Horacianas]. En el conocido poema ‘Coral romput’ [Coral roto] también titila la inocencia infantil.
La muerte está muy presente, casi de manera obsesiva, en su obra. En ‘El oficio de mañana’ y ‘Coral roto’ recuerda las muertes familiares que marcaron su niñez: las del tío Josep Maria y el abuelo. A la muerte contrapone el amor, a través de múltiples manifestaciones, como puede ser una expresión directa de la sexualidad o la exaltación del erotismo como una fiesta de los sentidos.
Estellés empezó de muy joven a trabajar de panadero con su padre, y a alternar este oficio con otros trabajos. Sin embargo, pronto se decantó hacia el periodismo y, en 1948, entró a trabajar en el diario ‘Las Provincias’. Treinta años después, en 1978, fue cesado, con una prejubilación repentina. Tan sólo tenía 54 años. Desde el mismo diario contempló la virulenta campaña antivalenciana, que tuvo como dianas a otros escritores como Fuster o Sanchis Guarner. Contra algunos de los siniestros personajes del diario disparó los versos más envenenados de las ‘Horacianas’, donde disfraza a los enemigos contemporáneos de personajes de la Roma imperial.
Uno de sus libros más destacados, ‘Libro de maravillas’, se convirtió en el gran poema de la posguerra. Estellés lo escribió entre los años 1956 y 1958 y a través de sus versos recrea los primeros años de la dictadura. Es un gran canto a Valencia y los pueblos de la Huerta en un contexto extremadamente difícil. Para hacerlo, tomó objetos, personajes y rincones de la realidad tangible para convertirlos en un artefacto poético poderoso y efectivo. El poeta utilizaría este método a lo largo de su obra: recreaba su mundo más cotidiano, sin renunciar a los aspectos más vulgares, hacía una crónica social e inventariaba los personajes y acontecimientos, que iban siempre de la mano de sus autores predilectos.
La pluma de Estellés mezclaba con mucha habilidad los clásicos latinos como Horacio, Ovidio, Catulo o Virgilio; los catalanes, como Jaume Roig, Ausiàs March o Jordi de Sant Jordi; y los extranjeros, como Baudelaire, Pavese, Ungaretti, Neruda y Quasimodo, con las más profundas raíces populares, el catalán de la calle, aprendido en la Huerta, su origen vital. El poeta recogía en sus versos aspectos políticos y cívicos y experimentaba con las formas y la lengua.
La manera de narrar de este poeta valenciano era, según Joan Fuster, ‘subjetiva y dislocada’. El tono que utilizaba era el propio de una confidencia íntima, acompañada por un ritmo poético siempre latente. Estellés era un hombre apasionado que narró, a través de la poesía, el horror de la guerra, la muerte concreta de la infancia y la juventud, el hambre, la degradación colectiva de todo un pueblo, las persecuciones, la rabia, la impotencia, la alienación, la incomunicación, el erotismo... Sus versos son también un grito de esperanza y lucha, porque el poeta a menudo asume un sentimiento cívico colectivo.
Sólo dos días después de la muerte de Franco empezó a escribir ‘Mural del País Valencià’, una obra colosal de más de 2.000 versos (60 libros) que retrata con esperanza a los personajes, el paisaje y la historia de todos los pueblos valencianos.
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martes, 27 de septiembre de 2011

El poema del negro marxista: Tengo lo que temía tener

Fuente
Tengo
Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés, no en señor,
sino decirle compañero,
como se dice en español.
Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede deterner
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
ni una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
no country, no jailáif,
no tennis y no yacht,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reir.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.
Por Nicolás Guillén
Tengo
Cuando me veo y toco
yo, Juan con Algo no más ayer,
y hoy, medio siglo después Juan sin Nada,
y hoy sin nada, absolutamente nada,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver,
tengo prohibido de andar por mi país,
de ser dueño de cuanta caballería hay en él,
de recordar lo que antes del 60 había sin cola ni libreta
aquello que no tuve pero quizá podría tener.
Eso sí, zafra puedo decir, por otros 10 millones
monte no puedo decir, nada de él es mío,
ciudad puedo decir, quizá si nací ahí,
para morir como internacionalista, ejército de sobra
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor de horizonte oscuro
de mentiras de estado, flor de promesas incumplidas.
Tengo, vamos a ver,
No tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
No tengo el gusto de ir
(es un mal ejemplo capitalista)
a un banco y hablar con el administrador,
no señor, no tengo ni cuenta, sólo pesos cubanos;
ni gritar, saltando sobre otro banco:
Viva la libertad!
Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro, aún hoy
todo blanco me puede deterner
a la puerta de un dancing o de un bar de turistas.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay lugar para cubanos de a pie,
ni una mínima pieza, peor una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
Tengo, vamos a ver,
que hay guardia rural y otros de cualquier CDR
que me agarren y me encierren en un cuartel,
castristas que me arranquen de mi tierra
y me arrojen al fondo del ergástulo real.
Tengo que, como ni tengo la tierra ni tengo el mar,
no country, no jailáif,
no tennis y no yacht,
ni playa para yumas, ni surfin' en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar, como escape... SÍ!
Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar los pocos centavos que me gano,
tengo que ya aprendí a escribir consignas burdas
y a pensar: Me han engañado toda una vida!
y a reir: Pues qué puedo hacer con mis miedos?
Tengo que ya tengo
donde trabajar pero como negro
y ganar apenas un sestercio para
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo todo lo que temía tener.
Parafraseado por borochi arrecho
caballeria: superficie de cultivo en Cuba

domingo, 7 de agosto de 2011

La primera noche

Source
 Die Erste Nacht
Jetzt kommt die Nacht, die erste Nacht im Grab.
O, wo ist aller Glanz, der dich umgab?
In kalter Erde ist dein Bett gemacht.
Wie wirst du schlummern diese Nacht?
 

Vom letzten Regen ist dein Kissen feucht.
Nachtvögel schreien, vom Wind empor gescheucht,
kein Lämpchen brennt dir mehr, nur kalt und fahl
spielt auf der Schlummerstatt der Mondenstrahl!

Die Stunden schleichen - schläfst du bis zum Tag?
Horchst du wie ich auf jeden Glockenschlag?
Wie kann ich ruhn und schlummern kurze Frist,
wenn du, mein Lieb´. so schlecht gebettet bist!

Du kamst, du gingst mit leiser Spur,
ein flüchtiger Gast im Erdenland;
Woher? Wohin? Wir wissen nur:
aus Gottes Hand in Gottes Hand.

 --Isolde Kurz (1853-1944)

Isolde Kurz um 1870
Isolde Kurz, vollständiger Name Isolde Maria Klara Kurz (* 21. Dezember 1853 in Stuttgart; † 6. April 1944 in Tübingen) war eine deutsche Schriftstellerin und Übersetzerin.
Isolde Kurz wurde als zweites von fünf Kindern und einzige Tochter des Schriftstellers und Bibliothekars Hermann Kurz und dessen Frau Marie Kurz, geb. von Brunnow [1] geboren. Marie Kurz, die einem alten Adelsgeschlecht abstammte, unterrichtete ihre Tochter selbst. In Stuttgart lebte Isolde fünfeinhalb Jahre, bis die Familie im Frühjahr 1859, nach zwei Umzügen innerhalb Stuttgarts, nach Oberesslingen zog. Ihre dortige Kindheit schilderte sie später als idyllisch, jedoch nicht frei von Konflikten zwischen dem freigeistigen Lebens- und Erziehungsstil ihrer Eltern und den bodenständigen Anschauungen der Dorfbevölkerung.[2]
Einige Zeit nach dem Tod ihres Vaters im Jahr 1873 übersiedelte Isolde Kurz nach München, wo ihr Bruder Erwin als Kunststudent lebte, um dort ihren Lebensunterhalt mit Übersetzungen und Sprachunterricht zu bestreiten. Von ihrem ersten Honorar ließ sie auf dem Alten Friedhof in Tübingen ein Marmordenkmal für ihren Vater errichten. Ein Jahr darauf folgte sie gemeinsam mit der Mutter und dem jüngsten Bruder einer Einladung ihres Bruders Edgar nach Italien. Dieser hatte sich kurz zuvor in Florenz als Arzt niedergelassen und führte eine Praxis. In Italien verkehrte sie unter anderem mit Adolf von Hildebrand, Hans von Marées, Arnold Böcklin und Jacob Burckhardt, las am Damentisch der Bibliotheca Nazionale Jacob Burckhardts „Kultur der Renaissance in Italien“, durchwandert mit dem Lehrer und Künstler Althofen die Galerien und plant mit ihm gemeinsam einen Cicerone zu verfassen. Nach dem plötzlichen Tod Althofens formte sie aus dem recherchierten Stoff ihre „Florentiner Novellen“, die 1890 bei Cotta verlegt wurden. Dies war ihre dritte selbstständige Publikation. Im Jahre 1888 hatte sie bereits ihren ersten Band mit Gedichten veröffentlicht und gleichfalls 1890 bei Göschen in Stuttgart die gesammelten „Phantasien und Märchen“, die zuerst in Zeitschriften erschienen waren. Im Seebad Forte dei Marmi lernte sie Eleonora Duse und den Schriftsteller Gabriele D’Annunzio kennen.
Nach 1905 lebte sie mit der Mutter, die sie bis zu deren Tod im Jahre 1911 pflegte, abwechselnd in München und Seebad Forte dei Marmi an der Riviera. Im Jahr 1911 kehrte ihr Jugendfreund Ernst von Mohl als Witwer aus Russland zurück und stand ihr bis zu seinem Tode im Jahre 1929 als Lebensgefährte zur Seite. Gemeinsam unternahmen sie 1912 eine Reise nach Griechenland.
Isolde Kurz verstarb in der Nacht vom 5. zum 6. April 1944. Sie wurde auf dem Tübinger Stadtfriedhof beigesetzt. 

L'Impossible

Quién me devolverá esos días donde la vida tenía alas
Y vuela, vuela como la a londra a los cielos,
cuando tanta claridad pasa ante sus ojos,
que ella desciende deslumbrada en medio de las flores, 
de aquellas que perfuman su nido, su alma , su sueño
y lustran su plumaje ardiente por el sol !

...

Cuando amé sin saber que amaba, cuando el alma
me palpitaba feliz y de qué? No lo sé;
cuando toda natura era perfume y llama,
cuando mis dos brazos se abrían ante esos días... idos
Qui me rendra ces jours où la vie a des ailes
Et vole, vole ainsi que l'alouette aux cieux,
Lorsque tant de clarité passe devant ses yeux,
Qu'elle tombe éblouie au fond des fleurs, de celles
Qui parfument son nid, son âme, son sommeil,
Et lustrent son plumage ardé par le soleil !

Ciel ! un de ces fils d'or pour ourdir ma journée,
Un débris de ce prisme aux brillantes couleurs !
Au fond de ces beaux jours et de ces belles fleurs,
Un rêve ! où je sois libre, enfant, à peine née,

Quand l'amour de ma mère était mon avenir,
Quand on ne mourait pas encor dans ma famille,
Quand tout vivait pour moi, vaine petite fille !
Quand vivre était le ciel, ou s'en ressouvenir,

Quand j'aimais sans savoir ce que j'aimais, quand l'âme
Me palpitait heureuse, et de quoi ? Je ne sais ;
Quand toute la nature était parfum et flamme,
Quand mes deux bras s'ouvraient devant ces jours... passés. 

--Marceline Desbordes-Valmore (1786-1859) 
had a poverty-stricken life and lost many members of her family, including her two young daughters.

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Marceline Desbordes-Valmore
Marceline Desbordes-Valmore (June 20, 1786 – July 23, 1859) was a French poet.
She was born in Douai. Following the French Revolution, her family emigrated to Guadeloupe. In 1817 she married her second husband, the actor Prosper Lanchantin-Valmore.
She published Élégies et Romances, her first poetic work, in 1819. Her melancholy, elegiacal poems are admired for their grace and profound emotion.
Marceline appeared as an actress and singer in Douai, Rouen, the Opéra-Comique in Paris, and the Théâtre de la Monnaie in Brussels, where she notably played Rosine in Beaumarchais's Le Barbier de Séville. She retired from the stage in 1823. She later became friends with the novelist Honoré de Balzac, and he once wrote that she was an inspiration for the title character of La Cousine Bette.[1]
Her poetry is also known for taking on dark and depressing themes, which reflects her troubled life. She is the only female writer included in the famous Les poètes maudits anthology published by Paul Verlaine in 1884. A volume of her poetry was among the books in Friedrich Nietzsche's library.
She died in Paris.

Marceline Desbordes-Valmore
Marceline Desbordes-Valmore (June 20, 1786 – July 23, 1859) was a French poet.
She was born in Douai. Following the French Revolution, her family emigrated to Guadeloupe. In 1817 she married her second husband, the actor Prosper Lanchantin-Valmore.
She published Élégies et Romances, her first poetic work, in 1819. Her melancholy, elegiacal poems are admired for their grace and profound emotion.
Marceline appeared as an actress and singer in Douai, Rouen, the Opéra-Comique in Paris, and the Théâtre de la Monnaie in Brussels, where she notably played Rosine in Beaumarchais's Le Barbier de Séville. She retired from the stage in 1823. She later became friends with the novelist Honoré de Balzac, and he once wrote that she was an inspiration for the title character of La Cousine Bette.[1]
Her poetry is also known for taking on dark and depressing themes, which reflects her troubled life. She is the only female writer included in the famous Les poètes maudits anthology published by Paul Verlaine in 1884. A volume of her poetry was among the books in Friedrich Nietzsche's library.
She died in Paris.