LOBO de CRIN o BOROCHI (Chrysocyon brachyurus)

Cánido de las pampas. Los guaraníes lo llaman aguará guasú ("zorro grande")
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Vale mejor tratar de reír que derramar lágrimas, | porque la risa es lo propio y noble del alma. Sean felices!
--François Rabelais (circa 1534) [english]

miércoles, 7 de octubre de 2009

Isidoro Cañones, solterón empedernido

Fuente
Isidoro era un fiel representante del típico "chanta porteño", y recreaba el prototipo del hombre de la noche. Sus andanzas fascinaban aún a aquellos que no comulgaban con su ética y sus métodos, y lograba que muchos anhelaran vivir la vida como él, una vida que, en sus comienzos, representaba a todo un sector del país, que, sin ser de la elite económica, vivía y conocía el Buenos Aires nocturno, y disfrutaba de las fiestas de la alta sociedad.
Para quienes no accedían a las “Boites” y al “Jet-set”, Isidoro era una forma de vivir y conocer a Buenos Aires de noche. Incluso, todavía, en los años '40, era necesario vestir esmoquin y moñito para entrar en las fiestas de la alta sociedad (a propósito del tema, el apellido “Cañones” Isidoro sólo lo usaba como aquella dote que le permitía acceder a ciertos lugares paquetes y presentarse en sociedad).
EXPERTO EN TRAGOS

TODO UN PERSONAJE

¿Cómo definirlo? Según el escritor Luis Guzmán, “Isidoro era un playboy de otro tiempo y hacía gala de un cinismo casi inocente; era un tarambana, y a su vez un antihéroe algo querible a partir de sus fracasos, nunca demasiado malo ni demasiado cínico como para juzgarlo”. Por su parte, el filósofo Omar Bello dijo que “nadie sintetizó mejor al porteño y, por añadidura, al argentino promedio: un chanta irresponsable, pero increíblemente carismático. Ladrón, pero sin sangre ni violencia. Estafador del ingenio". Andrés Accorsi expresó, entre otras cosas, que "Isidoro no estaba del lado de los buenos: estaba del lado de Isidoro. Si descubría las fallas del sistema, era en su propio beneficio y no para cambiar una situación injusta. La suya era una revolución frívola, que bien justificaba las infames estafas de las que se valía con tal de obtener guita, chapa y chicas". Es importante señalar también, por supuesto, lo que dijo una vez, acerca del personaje, el semiólogo Oscar Steinberg: "Isidoro tenía el optimismo del pequeño triunfador cotidiano, a quien le importa lo que pasa hoy y no mañana".
La valentía, como se dijo, no era su fuerte, y, aunque Isidoro Cañones era tramposo y algo indolente, en el fondo era de buen corazón, lo que lo hacía querible. Isidoro era aficionado a la vida fácil, a las carreras de caballos, a los autos deportivos descapotables (en general, el modelo de auto que utilizaba Isidoro era un BMW Cabriolet 503), y a su inseparable "Scotch", que lo acompañaba diariamente. Generalmente con polera negra, saco cruzado (de anchas solapas), mocasines relucientes, pelo a la gomina (aunque con algunos pelos eternamente parados), y un vaso de whisky “Chivas Regal” para entonarse, Isidoro iba de fiesta en fiesta buscando diversión y viviendo la vida a su manera, ya que saldría a festejar cualquier asunto que sería de su agrado. También podía pasar jornadas enteras jugando al póquer (ver tira). Otra cosa que le gustaba era bailar, sobre todo con música jóven y popular (click aquí), aunque dominaba distintos ritmos.
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CON LINDAS MUJERES

Isidoro siempre se las ingeniaba para pasar las horas a cuerpo de rey, con mujeres hermosas y de curvas insinuantes, pilchas de novela (una de sus cuentas pendientes casi siempre eran con el sastre, Popoff), lugares fenomenales, una "barra" de amigos dispuestos a hacer lo que se le ocurriera, y emprendimientos de los que (sin perjuicio de los tragos amargos de cada episodio) siempre salía ileso y bien parado. A propósito de su barra de amigos, sin dudas que Isidoro era un líder natural, ya que sus compañeros parecían sin iniciativa cuando no lo tenían a él. También hay que mencionar que a Isidoro le gustaba renovar su guardarropas, y por eso, en una sola aventura, podía variar entre distintos estilos de vestimenta: traje y corbata, saco blanco con un moñito al cuello, saco sport blanco con polera negra, saco deportivo a cuadros, esmoquin, etc. Con el tiempo, también se animó a la ropa informal, como ser los jeans, camisa, chomba, etc. Incluso apareció, alguna vez, con unos correctos “breeches” cuando tuvo que pasar una temporada en la estancia del Coronel.
Isidoro era capaz de dar una respuesta ingeniosa para impresionar a la barra de amigos o seducir a una mujer. Era el galán atrevido y el trasnochador que le huía al trabajo (nunca se le había conocido alguno fijo). Es más, para él, trabajar era casi denigrante. Se pasaba el día tratando de inventar negocios fantásticos y pensando a quién embaucar. A esa ocupación, se le sumaba el Isidoro conquistador. Sus conquistas permitían ir agregando personajes a la trama. Los amores de Isidoro, mujeres rubias, con dinero, y preferentemente de doble apellido, eran lo que entonces se denominaba “la crema de Buenos Aires”. Como dijo una vez Fontanarrosa:
"Isidoro no alcanzaba a ser un 'dandy' sino más bien un solterón empedernido".
CONQUISTADOR

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